Muchas cosas son posibles “si uno quiere” en la Web de hoy

Hernando Rincón Medina Sin Comentarios »

Toda la vida he soñado, como muchos, con un mundo en el cual haya más y mejores oportunidades para todos. Algunas veces, las condiciones del medio laboral y profesional, la situación sociopolítica de nuestros países y el panorama general del mundo y parecen ir en dirección contraria. En ocasiones sobreviene un sentimiento de frustración al pensar que en nuestro contexto, cualquiera que tenga una gran idea para un proyecto o un negocio necesita tener un capital sólido para ponerlo en marcha, además del arrojo para exponerse al riesgo que conlleva. Para muchos, la idea de ejecutar sus proyectos de cualquier índole o de tener un negocio es utópica y además de nuestra economía, nuestra formación y nuestra cultura refuerzan esa noción sobre la vida.

Una de las razones por la que siento que quiero ponerme la camiseta de la Web, entenderla, indagarla y por qué no, ayudar un poco a construirla, es porque veo en ella una gran esperanza en relación con esta problemática. Lo que quiero decir con este post es que la Web ofrece alternativas y posibilidades reales para hacer muchas cosas, con multitud de finalidades. Para algunas de ellas no se necesita dinero, sino un poco de conocimiento y el deseo de hacerlo (eso, al menos, depende de uno mismo). La Internet actual y la que se vislumbra en el futuro, hace posible una afirmación que aviva el entusiasmo y las ganas de hacer cosas: imaginar, planear y hacer un uso constructivo de los servicios es una vía para lograr lo que queramos. De ahí en adelante sólo podríamos pensar que ojalá lo que queramos sea bueno, y ojalá queramos mucho lo que queremos.

Para dar algunas muestras de esta idea, decidí recopilar sólo algunos ejemplos de cosas que es posible hacer usando servicios Web gratuitos o de muy bajo costo. Casi todos los ejemplos son cosas que tienen que ver con actividades creativas, porque es el campo en el que trabajo, pero con seguridad, si buscamos más, encontraremos servicios, comunidades y utilidades pensadas para cualquier aspecto de la vida o cualquier sector productivo. No pretendo, al menos por ahora, hacer un enciclopedia de servicios Web, pero sí dar algunas muestras de cosas que es posible hacer “si uno quiere”.

Si uno quiere hacer una revista, un catálogo o cualquier publicación digital, están servicios como los de Issuu. Allí es posible colgar documentos digitales para que estén al acceso de todo el mundo. Registrándose en el nivel gratuito, uno puede tener varias publicaciones en su librería y distribuir libremente sus enlaces por correo electrónico, redes sociales, embeber la publicación en otros sitios Web o Blogs. Todo con una plataforma muy accequible y compatible con cualquier sistema o equipo que tenga un lector promedio, una interfaz que emula la lectura de publicaciones impresas, arroja estadísticas de lectura, entre otras opciones muy útiles. Si uno adquiere una cuenta paga de alrededor de U$ 20 al mes, tiene acceso a ventajas tan robustas que podría incluso trabajar como editor profesional.

Si uno quiere hacer libros, ilustraciones, almanaques, postales o, del lado del comprador, se quiere conseguir un regalo original, puede contar con los servicios Lulu o Bubok. En estas comunidades, los creadores exhiben sus creaciones, que cuelgan en archivos digitales. La “Casa matriz” de la comunidad imprime y termina una pieza sólo cuando un cliente la solicita, y entrega una parte del precio de venta al creador. Los beneficios para lado y lado son notorios: menores costos de producción, menos uso de papel, menores precios para el comprador. Es decir, todo un modelo de negocio que abre una puerta a los creadores y editores, que no tienen que invertir dinero para materializar sus creaciones y para alcanzar un mercado global. Una vez una publicación entra a la colección empieza a generar ventas por un tiempo indefinido, es decir, utilidades residuales para el creador y para la editorial. ¿Qué se necesita para poder participar como creador y aspirar a las utilidades?. Querer hacerlo y trabajar bastante.

Si uno quiere hacer proyectos freelance de diseño de impresos o vender productos creados de manera estándar, puede integrarse a Inkd. Esta casa ofrece colecciones de plantillas para brochures comerciales, papelerías corporativas y otras piezas que requieren empresas de toda índole y tamaño en todo el mundo. Si uno demuestra hacer buenos diseños y cumplir con las indicaciones técnicas de los productos, puede ofrecer sus productos en el sitio, y obtendrá una comisión por cada venta. Todo el modelo de negocio funciona con intercambio de archivos digitales, por lo cual no hay inversión de dinero. Eso sí, se recomienda, por lógica tener las licencias de los paquetes de software que se usen para la producción gráfica. Sin embargo, hoy día hay buenas alternativas de software Open Source (cosa que da para otro post).

Si uno quiere hacer colectas para cuplir objetivos o sueños de cualquier índole hay servicios como Chipin o kapipal, entre muchos otros, en los cuales, al registrarse, es posible crear una cuenta de donaciones (que por lo general se hacen a través de PayPal u otras pasarelas de pagos). Los servicios proveen Widgets que se pueden poner en blogs, en redes sociales o en donde se quiera promocionar la causa y convencer a la gente para que aporte. Desde reunir fondos para causas sociales hasta casarse pueden ser causas válidas. El registro es gratuito, aunque por lo general estos servicios o las empresas intermediarias que convierten las entradas a dinero real cobran una comisión por las ventas o donaciones.

Si uno quiere publicar un blog puede recurrir a servicios gratuitos y excelentes como WordPress o Blogger, y si se quiere trabajar con él existen servicios como AdSense o SnapShot con los que puede “arrendar” espacios para publicidad contextual en el que los beneficios dependen de la calidad de sus contenidos, o también uno puede recurrir a ClickBank si quiere trabajar promocionando productos o servicios de terceros en el sector que uno conoce o que a uno le interesa. Esto aplica para cualquier área del conocimiento.

Si uno quiere, porque es inquieto, propositivo o altruista, o incluso porque quiere convocar gente en torno a una idea, puede aportar sus ideas al mundo a través de ideas4all. También, si uno necesita, puede beneficiarse de las ideas de otro. Y en verdad que hay ideas para cualquier cosa en estas comunidades. La cantidad de conocimiento e inventiva es incalculable.

Si uno va más allá y quiere participar en investigación y desarrollo o en innovación empresarial, están comunidades como Innocentive o Innoversia, en las cuales hay empresas que expresan sus problemas y si uno quiere y puede puede proponer soluciones que si son buenas y viables, y resultan escogidas, pueden generar ingresos económicos o beneficios intelectuales. Hay que decir que el nivel de conocimiento y especialidad aquí es alto, y que generalmente se invita a investigadores, expertos y científicos (grandes, o pequeños en igualdad de condiciones, desde un laboratorio o desde el garaje de una casa).

Si uno quiere implementar y mantener sitios web de múltiples fines y variadas dimensiones, puede acudir a comunidades como CMS con filosofía Open Source como Joomla o Drupal, que además de permitir trabajar con ellas de manera gratuita tienen mucha documentación en foros, comunidades y blogs. Uno no tiene que pagar por la licencia, pero la mejor retribución al beneficio es que cuando uno aprenda, realice aportes de su conocimiento y experiencias a la comunidad para mejorar los productos y ayude a otros a aprender y a solucionar problemas de implementación o de mantenimiento. También, si uno quiere, vale la pena ver servicios como los de Google Sites que permiten tener un sitio al aire usando una cuenta en su plataforma estándar, o implementar Google Analitycs que permite hacer mediciones precisas del comportamiento de cualquier sitio Web.

Si uno quiere realizar productos audiovisuales, series e incluso campañas, por supuesto que se puede recurrir a Youtube o a otras alternativas igual de útiles como Vimeo o Google video. Creando una cuenta gratuita uno puede publicar los videoclips que quiera, siempre y cuando no violen leyes de derechos de autor ni lesionen la integridad o la sensibilidad de alguien. Si uno quiere puede tener su propio canal personalizado, poner descripciones, suscitar comentarios, incentivar contactos, tener suscriptores, entre otras opciones. Hoy día existen múltiples posibilidades para hacer productos audiovisuales de forma sencilla, desde el mismo Movie Maker o Ivideo, que vienen por default con los sistemas operativos Windows y Mac.

Si uno quiere escuchar o incluso producir algo de música para compartir, promocionar o vender, existen servicios como el de MySpace, Deezer o Last entre otra infinidad, en los que se puede participar de manera gratuita o paga. Por lo general las membresías pagas son de costo muy reducido, pues estos modelos de negocio funcionan a través de un gran volumen de micropagos o tarifas muy bajas, asequibles y atractivas.

Si uno quiere indagar sobre el mundo y la sociedad actual, sobre innovación o tecnología, están portales bastante nutridos y siempre en movimiento como Infonomía, TED o Wikinomics, que dan acceso a notas, charlas, conferencias y actividades con expertos en muchos campos y de nivel mundial. Si uno quiere, puede obtener infinidad de ideas y conocimiento útil uniéndose a estas comunidades.

Si uno quiere promocionarse como fotógrafo o ilustrador, se puede crear álbumes y portafolios con las mejores imágenes en Flickr u ofrecerlas en Devianart. Y la lista de ejemplos podría seguir y seguir: si se quiere anunciar algo o incursionar en el periodismo digital se puede recurrir a Digg. Si uno quiere promocionar marcadores se puede recurrir a Delicious. Si uno es profesional en cualquier área y necesita promocionar un servicio o producto puede empezar a mercadearse en redes sociales. La oferta es amplia, pero mencionemos a Twitter, Facebook, Linkedin y Xing como algunos de los más usados. Si uno quiere y tiene algunos medios tecnológicos lo puede hacer incluso desde un celular o un handheld.

Si uno quiere colaborar con el conocimiento del mundo, puede usar la increíble Wikipedia. Si lo que uno quiere ubicarse o conocer el mundo para ejercer alguna actividad, puede ir a Google Maps. Si uno quisiera programar juegos con fines de entretenimiento o de lucro valdría la pena aprovechar los APIs de diferentes redes sociales y plataformas; si para trabajar o para vivir uno quiere hacer muchas llamadas, podría probar Skype, que incluso en su versión gratuita tiene bastantes soluciones útiles.

No hemos nombrado aquí servicios a los cuales hemos hecho referencia en otros posts como las plataformas colaborativas, ni servicios que ya son muy familiares como los de correo electrónico. Estas son sólo algunas pocas muestras de un mundo inmenso, que está increíblemente lleno de posibilidades, si uno quiere usar bien las cosas. ¿Qué más podríamos decir? Tal vez que en la Web hay una posibilidad para reivindicar y revitalizar aquél dicho que reza “Si uno quiere, uno puede”.

La Web 2.0 y la actividad creativa

Hernando Rincón Medina Sin Comentarios »

Este blog tratará de crear comunidad en torno al propósito de ver la Web 2.0 desde la perspectiva de la creación visual y audiovisual, el diseño y la comunicación, con el fin de vislumbrar oportunidades nuevas de construcción de conocimiento y de creación de valor tanto para quienes trabajan en actividades creativas como para quienes simplemente usan la Web en múltiples ámbitos.

Por distante que parezca, empiezo diciendo que vivo en Bogotá, Colombia. Para quienes no la conozcan bastará decir que es una ciudad de contrastes y de mezclas. Esto no pasaría de ser un dato irrelevante si no fuera porque una situación muy urbana y endémica de mi ciudad puso la primera piedra para esta nota. En el bus en que viajaba rumbo a mis clases de la universidad, un cuentero urbano, tan joven como anónimo y aguerrido, contó un breve cuento con el fin de recoger algunos fondos para subsistir y pasar la noche. Y fue en ese corto relato en donde encontré dos alegorías que sirven para ilustrar el propósito de esta bitácora.

La primera alegoría: la apertura del conocimiento
El relato empezaba situando la historia en un pueblecillo pobre y lejano, en un tiempo incierto. Cuatro pastores amigos que vivían como podían de acarrear los rebaños de las haciendas cercanas, estando juntos un día econtraron una bolsa llena de monedas de oro, que seguramente algún viajero descuidado dejó caer. Muy felices en principio, los cuatro pastores pensaron que aquél era un motivo para celebrar y decidieron que mientras dos de ellos alentaban una buena fogata, los otros irían al pueblo a conseguir unas viandas dignas del momento. Así lo hicieron, y mientras los segundos marchaban al pueblo, los primeros se quedaron hablando sobre el botín y cada uno comentó lo que haría con la parte que les correspondiera. Luego de un momento de pausa en el que ambos pensaron en silencio, uno de ellos dijo: “¿Qué pasaría si en vez de compartir este botín entre los cuatro, esperamos a nuestros compañeros con una emboscada que los haga caer, como por accidente? Entonces ya no tendrías un cuarto, sino la mitad…”. Su compañero lo pensó apenas un momento antes de responder que estaba de acuerdo. Rápidamente cavaron una trampa y le pusieron piso falso, tal como lo hacían para capturar a los lobos que acechaban los rebaños. Y tan buenos eran en su oficio, que al llegar sus amigos, cayeron sin tener tiempo de darse cuenta. La trampa, llena de un lodo espeso, acabó en pocos instantes con sus intentos de salir y allí perecieron. Los dos tramposos, cegados por el oro que querían para sí, corrieron a salvar las provisiones que traían los dos desprevenidos, así que con el oro se quedaron y la comida comieron. Pero no se sabe para quién fue más lamentable la situación. Los dos que venían del pueblo, mientras caminaban, planearon la forma de eliminar de la lista de beneficiarios del tesoro a sus compañeros, e idearon la forma de envenenar la comida que llevaron. Más tardaron en consumirla que en dejar de respirar. Al fin, tristemente, sus habilidades llevaron a triste final todos los intentos. Para nadie quedó la comida, para nadie el oro, nada de pastores, ni siquiera quién enseñe el oficio. Moraleja: la ambición y el pensamiento en la ganancia como individuos llevó a la destrucción de cualquier oportunidad.

Debo aclarar que el ejemplo un poco escabroso de los pastores es sólo una alegoría. Lo que sí quiero rescatar de la historia es que en el medio de la comunicación y el diseño, como si de acarrear pastores se tratara, se suele formar una competencia entre niveles de conocimiento: el que más sepa y el que más produzca, se quedará con la mayor parte del botín que pueda dejar el mercado. Los más grandes tienen más pobablidad de crecer, y cada uno trata de cotizarse y abrirse paso mostrando que tiene habilidades. Mi planteamiento de partida es que algunas veces el recelo por los derechos de propiedad intelectual, por la poseción de conocimiento y el deseo de diferenciarse termina por acortar las posibilidades del gremio, al igual que sucede en casi todos los sectores de la industria. La interrogante que quiero proponer es cómo podríamos descubrir modelos colaborativos que vislumbren nuevas oportunidades de creación de valor, de proyectos de mayor alcance y de potenciación del conocimeinto aprovechando la Web.

La segunda alegoría: el trabajo colaborativo
Lo primero que la mayoría pensaría al plantear esta idea, que puede sonar pasada de altruismo, es que nadie ganaría lo que gana compitiendo individualmente con los modelos convencionales de producción creativa. En respuesta, lo que podría decir es que la Web 2.0 ha mostrado que el futuro de la economía y las empreas, en parte, está en los modelos colaborativos. Cuando buscaba mentalmente un ejemplo que permitiera describirlo, recordé de nuevo al juglar urbano: él logró subir al bus y en unos instantes compartió su modesta creación con el escueto público de viajeros ocasionales. Algunos rieron un poco, otros sólo sonrieron y otros apenas se inmutaron. Al final, el cuentero se bajó agradeciendo reiteradamente la colaboración recibida y todo quedó como siempre.

Supongamos que sólo 3 de los 30 pasajeros decidieron, voluntariamente, colaborarle con lo que podían o lo que querían (aunque sé que fueron más), y es ahí donde aparece el modelo: todos pudieron acceder a la información que el relator compartió; algunos, como yo, la usarían luego; sólo quienes quisieron dieron una retribución, que cuantificaron individual y libremente. Unos instantes después me pregunté cuántas veces al día el juglar pudo hacer lo mismo, en cuántos buses. Haciendo la cuenta, en teoría el creativo relator no pasaría tan mala noche. Sin quererlo, esto fue una muestra, una muy pequeña, de cómo funcionan los modelos colaborativos para crear valor a partir del conocimiento compartido.

Hacia esa reflexión, con múltiples ejemplos, espero dirigir esta bitácora, y por supuesto, alimentarla con todo aquello que el colectivo quiera aportar.

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